viernes, 29 de abril de 2011

Un buen marido


Notícia de Público

Luis García Montero 
Eduardo Mendicutti es un novelista excelente. Con su último libro, Mae West y yo (Tusquets, 2011), vuelve a demostrar una cultivada capacidad de emocionar. Pasa de la anécdota divertida al territorio movedizo de la verdad humana, del humor costumbrista a la sonrisa que tiembla en los labios y se convierte en inquietud profunda, en mirada decisiva sobre el mundo que nos hace y nos deshace. La riqueza viva de su vocabulario es inseparable de su voluntad de conocimiento.
Los profesionales de la solemnidad se muestran con frecuencia poco dispuestos a entender los recursos del pudor. Todo lo que no está dicho con palabras sagradas o patéticas parece propio de una realidad menor, pasatiempo etiquetado con los designios de la frivolidad o la marginación. La atmósfera homosexual de los argumentos de Eduardo Mendicutti ha provocado una lectura fácil y desatenta de su obra, el dictamen cómodo de que se dedica a un subgénero literario que retrata con gracia el mundo pintoresco de la mariconería. Los críticos más tolerantes harían aquí uso de lo políticamente correcto para hablar del mundo gay. Algo es algo. Pero este algo no es suficiente si nos mostramos incapaces de reconocer la verdadera dimensión social y literaria que está en juego: el sentido del humor como un mecanismo pudoroso propio de un resistente y, más allá de la anécdota, la voluntad central, no marginal, de una obra.
Mae West y yo nos cuenta la historia íntima de una enfermedad. Después de que le sea diagnosticado un cáncer de próstata, el protagonista de la novela se enfrenta a su educación sentimental, su miedo y sus ganas de vivir. Como metáfora de una de esas preocupaciones angustiosas que no se van de la cabeza, el novelista le da voz a la próstata, y el enfermo, Felipe Bonasera, sometido a un diálogo permanente con ella, la bautiza con el nombre de Mae West, aquella actriz desmedida y lenguaraz. Bonasera es diplomático y ventrílocuo, está acostumbrado a resolver con educación situaciones difíciles y a disfrazar sus palabras en la boca de otro. Las estructuras de las novelas de Eduardo Mendicutti suelen formarse con una perfección de relojería artesanal. Entre el cáncer y la homosexualidad se establece un camino de ida y vuelta. Si el cáncer nos ayuda a entender el castigo social de una condición obligada a vivirse como injuria, la homosexualidad nos ayuda a comprender una dimensión profunda y general de los seres humanos. Todos estamos condenados a la pérdida, a las deudas sociales y a la muerte.
El movimiento de gays y lesbianas, con su lucha por la legalización de los matrimonios homosexuales, ha supuesto un extraño lujo de voluntad cívica. Suele pasar desapercibido que, junto a la reivindicación de un derecho individual, se ha elevado una clara apuesta social, un acto de fe en la comunidad y en las leyes. Mientras los vientos reinantes pretenden degradar el sentido del Estado y el respeto que merecen los espacios públicos, el derecho al matrimonio homosexual ha representado una defensa de la vida en común y de las normas de convivencia. Más que una santificación de los márgenes, tan peligrosos ideológicamente como la palabra libertad en manos de los mercados financieros, se ha preferido democratizar las normas, flexibilizar las relaciones sociales, participar de las ilusiones colectivas. Una lección universal: sólo los marcos regulados para la convivencia democrática permiten el desarrollo de la libertad individual.
En uno de los capítulos más emocionantes de Mae West y yo, mientras se despliegan las enredaderas de la soledad y las posibles complicidades de los solitarios, se dice que el protagonista homosexual hubiera podido ser un buen marido. Nada más coherente. La literatura de Eduardo Mendicutti, con novelas de primera calidad como El palomo cojo, Ganas de hablar o esta que acaba de publicarse, es inseparable de la voluntad democrática de esa España que asumió como compromiso propio el derecho al matrimonio homosexual. Más que un rasgo de tolerancia ante una minoría, supuso un enriquecimiento general del significado de las palabras mujer y hombre. Del mismo modo, las novelas de Eduardo Mendicutti no son fruto de un subgénero, sino parte central de una Literatura escrita con mayúscula.

Las mujeres en unos carteles publicitarios



Cuando hay quien dice que las cosas han cambiado, que las mujeres hemos alcanzado la igualdad efectiva y real, cuando se afirma que hay cierta autoregulación en la publicidad.... pienso y ¿por qué aún me encuentro este cartel en el Centre Comercial Glòries?

Por eso cada día me confirmo:

¡Pues sí que nos falta!  No hemos progresado tanto como nos quieren hacer pensar!



Otro dato más de esta misma tarde. No tiene desperdicio:

"¿Estás casada? Revive la pasión Ten una aventura"

¿Cómo es posible que no nos inmutemos ante lo que representa esta publicidad en un opi de parada de autobús, y se levantara espesa polvareda con los "autobuses ateos"?

Pero no pensemos que todo esto es un tema de unas cuantas feministas radicales

Si la publicidad ofrece a la mujer en estereotipados papeles... también lo hace con otras personas.
Para otro momento hablaremos de la infancia, de la adolescencia o de las y personas mayores (como si el resto fueramos menores).


Hoy nos detendremos en los hombres.


Para ellos también se buscan reforzar roles caducos, anticuados y ante los que muchos compañeros trabajan por cambiar. Es lo que llamamos construir nuevas masculinidades.

Fijémonos en esta foto de la revista de un periódico dominical.

"Cada arañazo, arruga y cicatriz cuentan la historia de un hombre".

El rol del hombre duro, guerrero, luchador, líder....

Si cambiásemos la foto, pusiérmos una mujer y el texto:

 "Cada arañazo, arruga y cicatriz cuentan la historia de una mujer".

¿La significación ya no es la misma? evidentemente. ¿Parecería una foto de una campaña de sensibilización contra la violencia de género?, ¿no?
A esto es lo llamamos sesgo de género.

En fin... ¡Pues sí que nos falta!

miércoles, 27 de abril de 2011

Revalorar el món. Els valors de la sostenibilitat


Web del Consell Assessor per al Desenvolupament Sostenible (Generalitat de Catalunya)


  1. Desenvolupar la sostenibilitat per la supervivència de la nostra espècie i del planeta.
  2. Canviar els valors amb els quals ens relacionem amb el Món
  3. Repensar els nivells de consum
  4. Donar sentit real a la vida i a la relació amb els altres
  5. Prendre consciència planetària
  6. Prendre decision en bé de la comunitat
  7. Repensar l'actual obsoleta visió del món
Anem pensant....

OCDE, España, mujer, trabajo y familia

OCDE


Doing Better for Families Spain

España necesita fortalecer sus políticas para conciliar el trabajo con la familia.

A las familias en España les es difícil conciliar el trabajo con la vida familiar, por ello las tasas de empleo femenino y las tasas de fecundidad son bajas en comparación con niveles internacionales. Con sólo 1.4 hijos por mujer, la tasa global de fecundidad en España se ha ubicado entre las más bajas de la OCDE durante las dos últimas décadas. Cada vez más, las mujeres y los hombres quieren primero establecerse en el mercado laboral antes de tener hijos. Esto ha conducido a un aplazamiento de la maternidad y la edad promedio de primer hijo para la madre está ahora cerca de 30. Las bajas tasas de fecundidad también están relacionados con una caída en el número de familias numerosas y un incremento en la proporción de mujeres que no tienen hijos.

El empleo femenino en España ha aumentado notablemente en los últimos 15 años, de 32.5% en 1995 a 53.5% en 2009. Sin embargo, a pesar de este aumento importante, el empleo femenino en España se encuentra todavía por debajo de la media de la OCDE (59.6%); el 75% de las madres regresa a trabajar sólo 8 años después del parto.

La pobreza infantil es de 17.3% en España, por encima de la media de la OCDE de 12.7%. En España, la pobreza entre las parejas de doble ingreso es mayor que el promedio de la OCDE (5.1% comparada con 3.9%, respectivamente). Sin mebargo, el trabajo es clave para la reducción de la pobreza: la tasa de pobreza entre los hogares con una única fuente de ingresos es de 23.7% y para las familias sin trabajo es de 71.7%.

El gasto público en prestaciones familiares en España aumentó entre 2003 y 2007, pero con 1.6% del PIB en 2007 continua por debajo del promedio de la OCDE de 2.2%. El gasto social por niño (EUR 98 700) se encuentra también por debajo del promedio de la OCDE (EUR 108 400) y es mayor en la infancia media y tardía.


Los esfuerzos en ampliar la cobertura y los apoyos para reducir el costo de cuidado infantil se han  traducido en un aumento importante en la participación de cuidado infantil. En 2008, 66.9% de los  niños menores de 6 años se matricularon en los servicios de cuidado formal (el promedio de la OCDE es 58.2%). Sin embargo, la atención fuera del horario escolar es limitada y muchos padres de familiatrabajando dependen del ciudado informal: aproximadamente una cuarta parte de los abuelos en España cuida a sus nietos diariamente.

En España, las mujeres dedican más tiempo al trabajo no remunerado (alrededor de 5 horas al día, en promedio) que los hombres (menos de 2 horas al día, en promedio): la sexta mayor brecha de género de la OCDE. Una división más equitativa del trabajo no remunerado dentro de los hogares españoles podría contribuir a una mayor participación de padres y madres en el mercado laboral, a mejor proveer el ingreso que las familias necesitan y a tener el número de hijos en el momento deseado.

Mujer, salud y trabajo

Foto de Morguefile, por Click

MARI LUZ RODRÍGUEZ
Mañana es el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo. Un día para recordar a todas las personas que han perdido la vida o la salud trabajando y para renovar el compromiso de todos los agentes implicados en la lucha contra la siniestralidad laboral. Un día que este año hemos querido dedicar a las mujeres, porque también sufren daños en el trabajo aunque rara vez se hable de ello.
Desde hace décadas, la participación de las mujeres en el trabajo retribuido ha ido en aumento. Hoy hay en España más de ocho millones de mujeres ocupadas, lo que representa algo más del 44% de la población trabajadora.
Este cambio en positivo de la participación de las mujeres en el mercado laboral tiene, no obstante, zonas de sombra. Con frecuencia las mujeres se ven confinadas a una gama más estrecha de ocupaciones que los hombres (segregación horizontal) y a puestos de trabajo inferiores (segregación vertical). Las mujeres siguen siendo mayoría en ciertos tipos de ocupaciones en el sector servicios y en la economía informal; y, en la industria, suelen ser asignadas a puestos claramente feminizados. No es raro que la vida profesional de muchas mujeres transcurra en puestos de trabajo de baja cualificación y con más propensión que los hombres a contratos a tiempo parcial o eventuales.
Todo ello se refleja en la Encuesta de Calidad de Vida en el Trabajo, donde las mujeres presentan menor grado de satisfacción que los hombres respecto de factores como la posibilidad de promoción, el desarrollo profesional o la autonomía. Una de cada cuatro de ellas declara también que la cualificación de su puesto de trabajo es inferior a la formación alcanzada, siendo esta discordancia sensiblemente superior a la que encontramos entre los hombres.
Así las cosas, puede decirse que el crecimiento cuantitativo del empleo de las mujeres no se ha correspondido con un crecimiento parejo de la calidad del mismo, de modo que persisten desigualdades que acentúan la falta de homogeneidad en las condiciones de vida, trabajo y salud de mujeres y hombres.
Según la encuesta citada, las mujeres sufren una mayor exposición que los hombres a posturas estáticas y movimientos repetitivos de mano-brazo. También afectan más a las mujeres factores como el tratamiento directo con el público, la exposición a tareas repetitivas y la simultaneidad de tareas. Estas condiciones en el trabajo de las mujeres tienen impacto sobre su salud que difiere del que reciben sus compañeros varones. El 75% de las mujeres afirman sufrir molestias osteomusculares atribuibles a posturas y esfuerzos derivados del trabajo. Además, el riesgo de sufrir estas dolencias se incrementa no sólo en la medida que lo hacen los requerimientos físicos, sino también cuando se asocian con la presencia de factores de carga mental. Según esta misma encuesta, las mujeres son también más vulnerables a síntomas como alteraciones del sueño, cansancio, cefalea o estrés.
Por otro lado, a las propias condiciones de trabajo suelen unirse demandas generadas en el entorno social o familiar. La Encuesta de Calidad de Vida en el Trabajo contabiliza más de un 30% de mujeres trabajadoras con hijos menores de 14 años, un 10% que viven solas con sus hijos y un 43% que forman parte de núcleos familiares integrados por pareja e hijos. Mírense estos datos desde la conocida diferencia entre los tiempos que dedican mujeres y hombres a la conciliación de la vida laboral y familiar y súmense a que una de cada cuatro mujeres considera que la maternidad perjudica su carrera profesional.
Aparte de estos indicadores de trabajo y salud están los de siniestralidad. Durante 2010, fueron notificados 191.343
accidentes de trabajo en jornada y 3.507 enfermedades profesionales entre la población de trabajadoras. Los primeros representan un 30,5% del total, las segundas, un 44,5%. Las enfermedades profesionales de las mujeres se concentran en los sectores del comercio y la industria de alimentación y más de un 73% de ellas son tendinitis y parálisis de los nervios por presión, que incluye, entre otras patologías, el síndrome del túnel carpiano.
Todo esto es importante que lo sepamos y lo hagamos visible, pero también que lo afrontemos con políticas de empleo y prevención teñidas de visión de género. Ampliar las opciones de ocupación de las mujeres, mejorar la organización del trabajo en las empresas y avanzar en medidas que impulsen la corresponsabilidad de mujeres y hombres en el reparto de las tareas familiares es sólo el principio. Luego debemos mejorar el conocimiento de los riesgos y las patologías laborales con más incidencia entre las mujeres; erradicar la violencia de género en el trabajo y reducir la exposición a riesgos ergonómicos, psicosociales y químicos; garantizar la prevención de la salud reproductiva, el embarazo y la lactancia; y caminar con paso firme hacia la eliminación de las desigualdades en el entorno laboral. Ese es nuestro reto.
Mari Luz Rodríguez es secretaria de Estado de Empleo

jueves, 21 de abril de 2011

300.000 campesinas fueron esterilizadas por consejo del FMI


Esterilizadas a cambio de arroz

Las víctimas del programa de esterilización forzada que el 

FMI exigió al expresidente Fujimori piden justicia en los tribunales peruanos

La noticia

La clase trabajadora en España, Vicenç Navarro

Público, 21 de abril de 2011 Texto completo


La clase trabajadora en España

Vicenç Navarro



Foto de MorgeFile, by Clarita


El Economic Policy Institute de Washington ha publicado un informe con datos económicos y sociales que cuestionan claramente los datos que constantemente se utilizan en los centros que reproducen la sabiduría convencional de España:
  1. España aparece como uno de los países en los que los trabajadores trabajan más horas al año. Concretamente 1.654 horas (promedio de los países de la OCDE, 1.628 horas).
  2. El crecimiento de la productividad en España durante el periodo 2007-2009 fue el mayor (5,4%) de los países de la OCDE (promedio de -1,1%)
  3. La productividad española está por encima no sólo de Grecia, Portugal e Italia, sino también de Japón y Nueva Zelanda.
  4. España tiene los más bajos de la OCDE (junto con Grecia y Portugal). Su compensación salarial por hora en la manufactura (cuyos trabajadores son los mejor pagados en cualquier país) es sólo el 85% del de EEUU. 
  5. España no está a la cola de la productividad de la OCDE. Sí que está, en cambio, a la cola de los salarios. Así, la variable que tiene un gran poder determinante del nivel salarial (y también, por cierto, de la actividad redistribuidora del Estado) es el poder sindical. A mayor poder sindical, mayores salarios, menores desigualdades y mayor productividad.
  6. España es uno de los estados menos redistributivos. España es uno de los países donde el Estado tiene menos impacto en la reducción de la pobreza. Esta pasa de ser el 17,6% de la población, antes de que intervenga el Estado, a un 14,1%, sólo 3,5 puntos menos. Los países nórdicos, junto con Francia, son los más redistributivos. España, junto con Holanda, Japón y EEUU, son los menos redistributivos. Es interesante señalar que los países más redistributivos (Suecia, Noruega, Dinamarca) están por encima del promedio de productividad de la OCDE. Noruega es el país del mundo con mayor productividad, y también uno en los que su Estado tiene mayor impacto redistributivo. Esto cuestiona el dogma neoliberal según el cual la eficiencia económica requiere inequidad.
  7. España, junto con Italia, Irlanda y EEUU, es uno de los países que tiene menos movilidad social. El sistema educativo tiene escaso impacto en igualar las oportunidades de las distintas generaciones. Esto está relacionado con el sistema educativo dual con las clases pudientes enviando sus hijos a la escuela privada, y las clases trabajadoras y medias enviando sus hijos a la escuela pública. En estos países, los hijos de la clase trabajadora lo tienen más difícil para alcanzar niveles de clases de renta superior. Y ahí termina la fotografía –no muy halagadora– de la situación de la clase trabajadora en España.

Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra y profesor de Public Policy en The Johns Hopkins University

En poco más de tres meses España ha consumido la riqueza de un año

                                                             Foto MorgueFile by Beglip 


Público, 21 de abril de 2011




Cuidar a la Pachamama

Àngeles Caso

Desde anteayer, España está en déficit ecológico. En poco más de tres meses, hemos consumido toda la riqueza que hubiéramos debido repartir a lo largo del año para ser capaces de regenerarla y mantener el equilibrio. Eso afirman la Global Footprint Network y la New Economics Foundation, dos instituciones dedicadas a estudiar la huella ecológica que los humanos dejamos sobre el planeta. Sus datos dan miedo: en 1986, la población de la Tierra generó tantos recursos ecológicos como los que consumió. Hoy, a medida que el consumo y la contaminación crecen a ritmo desaforado, esa armonía se rompe en agosto.

Las cifras referentes a España, que es uno de los países al frente del derroche ecológico, indican que nuestra deuda de sostenibilidad es mucho mayor. Según esos centros de estudio, deberíamos consumir 1,6 hectáreas por habitante, incluyendo la superficie de cultivos, pastos y pesca, la urbana construida, los bosques y las emisiones de carbono. Pero nuestro gasto real es de 5,4 hectáreas. Aniol Esteban, uno de los responsables de la New Economics Foundation, explica que “si todos los habitantes del planeta vivieran como un español, necesitaríamos tres planetas para cubrir sus necesidades”.
Entretanto, el Congreso boliviano aprueba una ley que reconoce los derechos de la Pachamama, la Madre Tierra según las creencias del altiplano: derecho a la reproducción del ciclo de la vida, a que sus plantas no sufran modificaciones genéticas, a gozar de aire y agua puros y a no aplicarle agentes contaminantes. A menudo tenemos mucho que aprender de aquellos a los que consideramos menos “desarrollados” que nosotros.





lunes, 18 de abril de 2011

¿Cómo reducir tu huella ecológica?


Vídeo: Jordi Pigem sobre la crisis y la economía (La2)

WWF: Informe planeta vivo (2010)


CONSEJOS PARA REDUCIR TU HUELLA ECOLÓGICA:


  1. Compra con moderación. Cuanto menos compres menos residuos generarás, ahorrarás más dinero y tendrás menos dependencias materiales. No uses tarjetas de crédito, no te crees deudas imposibles.
  2. Utiliza electrodomésticos y bombillas de bajo consumo. Aísla bien tu hogar y aíslate tú también del frío y del calor utilizando la ropa adecuada en cada época del año. Reduce el uso de al calefacción y el aire acondicionado en casa, el coche y el trabajo. Si estás en lugar con exceso de aire acondicionado, sugiere que lo bajen.  
  3. Reduce el consumo de agua. Pon en funcionamiento tu lavadora cuando esté llena y utiliza programas de baja temperatura (se gasta un 90 por ciento más de energía lavando en agua caliente). Arregla las fugas de agua por pequeñas que sean (un grifo que gotea pierde 30 litros diarios).
  4. No utilices el desagüe como papelera ni derrames productos contaminantes o el aceite usado.
  5. Evita los productos con demasiado embalaje, sobre todo los de corcho blanco. Antes de reciclar recuerda los pasos previos de reducir y si es posible reutilizar. La moda del embutido y queso loncheado encarece el producto y genera más residuos
  6. Recicla el papel y cómpralo reciclado 100% y libre de cloro. Reducirás sustancialmente el consumo de agua, petróleo, las emisiones de CO2 y evitarás la tala de muchos árboles.
  7. No tires a la basura productos peligrosos o tóxicos; llévalos a un punto limpio para su tratamiento correcto.
  8. Compra productos locales y lleva tu propia bolsa a la compra.
  9. Camina en la medida de tus posibilidades o utiliza la bici y el transporte público en lugar del coche. Si no puedes prescindir del vehículo privado procura compartirlo y mantenerlo en buen estado para que consuma y contamine menos.
  10. Evita los productos de un sólo uso (papel de cocina, servilletas, pañuelos de papel, cubiertos, maquinillas de afeitar...)
Vídeo: La economía y Jordi Pigem(La2)

Analectas, 7.3.

No cultivar la fuerza moral, no explorar lo que he aprendido, la incapacidad de seguir lo que sé que es justo, y de reformar lo que no es bueno, todas estas son mis preocupaciones.

La aspiración de la mujer de acceder al poder aún choca con los estereotipos. Por Cristina Sen

La Vanguardia


El adjetivo 'ambiciosa' es equiparable al de malvada, según algunos expertos.


Aunque la teoría rebata los criterios de la Real Academia Española, el adjetivo ambiciosa no significa exactamente lo mismo que ambicioso. Póngase si no el calificativo detrás del nombre de un hombre o de una mujer y podrá observarse cómo tener “ansia o deseo vehemente de algo” no significa lo mismo si condecora a Alfredo Pérez Rubalcaba o si acompaña a CarmeChacón, sólo por citar un ejemplo de la actualidad.
¿Se percibe la ambición femenina como un rasgo positivo al igual que sucede cuando esta es masculina? La respuesta es que no, según analizan los expertos consultados, pero un no con matices. Unos matices pesimistas sobre el camino que deben realizar las mujeres si quieren ejercer el poder –entendido en términos generales como la capacidad de intervenir en un determinado momento histórico colectivo o personal–, y otros más optimistas al observar cambios en la sociedad.
“La ambición femenina está muy mal vista, se considera un atributo masculino que le es ajeno. A una mujer se la acusa de ambiciosa, equiparando el término a malvada y este un problema grave”, señala Cecilia Castaño, catedrática de la facultad de Sociología de laUniversidad Complutense. El diagnóstico es conocido, pero no por ello deja de llamar la atención. Tiene que ver con los estereotipos de género, explica Castaño, la idea de que el hombre sigue siendo el sustento de la familia y el aventurero, mientras que la tarea de la mujer es cuidar de los demás.
Sentada la premisa básica del debate, los datos aportan fotos fijas y en movimiento. El informe “Más mujeres en puestos de responsabilidad”, presentado en el 2010 por la vicepresidenta de la Comisión Europea, Vivian Reding, indica que en las cumbres de las altas jerarquías las desigualdades entre la presencia del hombre y la mujer son las más altas. Por ejemplo, en los consejos de administración de las grandes empresas que cotizan en bolsa, hay una mujer por cada diez hombres. En el ámbito de la ciencia y la investigación, pese a que el sector femenino representaba en el 2009 el 45% de los doctorados, sólo estaba representado un 18% en las más altas funciones investigadoras. La Comisión Europea advirtió el 8 de marzo que está dispuesta a establecer cuotas en los consejos de administración si no se invierte esta tendencia.
Nuria Chinchilla, profesora del Iese, percibe, en cambio, elementos para el optimismo y recuerda que en el mundo de la pequeña y mediana empresa sí que han cambiado las cosas. “Es verdad que las mujeres que aspiran al poder, al ser pocas, se perciben como algo diferente, y el diferente siempre lo tiene más complicado. Pero creo que estamos de moda porque aportamos una visión distinta, complementaria, una visión con capacidad de anticiparse a las consecuencias”, señala.
Para Francisco Longo, director del Instituto de Gobernanza y Dirección Pública (Esade), la percepción negativa sobre la ambición en la mujer está modificándose de forma acelerada al entender que los estímulos para este cambio son muy potentes. Esta visión negativa, sostiene, se mantiene en ciertos sectores sociales menos preparados.
Pese a la mirada optimista, Longo considera que sigue existiendo el denominado techo de cristal –ese conjunto de normas no escritas, invisibles, que aparecen en la carrera profesional de una mujer que le impiden avanzar sea la jerarquización de las empresas o la conciliación con la vida familiar–. Aquí el debate se desliza hacia otras cuestiones ineludiblemente ligadas a los problemas de la ambición femenina, a los obstáculos para ponerla en marcha. El modelo de liderazgo workaholic (adicto al trabajo) es cada vez más absurdo, señala Longo.
Con una visión crítica sobre la situación, pero también sobre el papel que la mujer se reserva para sí misma se expresa Carme Garcia Ribas, directora del posgrado de Liderazgo Femenino (adscrito a la Universitat Pompeu Fabra), que cree que la ambición femenina está mal vista porque atenta contra el poder establecido. “Esto –prosigue–, nos lleva a adaptarnos a modelos existentes convirtiéndonos no en seres más libres, sino en mejores esclavas”.
La mujer debe sacudirse el miedo a no gustar porque la convierte en una prisionera de los estereotipos que suponen ser aceptada en todos sitios, explica. Considera que la ambición debe entenderse como un ejercicio de vitalidad y de autoafirmación fuera de los cánones masculinos que rigen el mundo. “Las mujeres –dice Garcia Ribas– somos huéspedes de una cultura que no es la nuestra, falta una cultura femenina de lo público y tenemos que crear nuestra propia dialéctica”.
Por ello, rehúye el concepto conciliación aplicado a la mujer, como también lo hace Cecilia Castaño al entender que es jugar en el campo de los hombres si estos no entran. Chinchilla señala que conciliar es hacerse dueño de su propio destino, decidir lo que ha cada una le conviene, opine lo que opine quien mande.
El debate sobre la ambición femenina puede variar según los países occidentales, pero hay ejemplos a ambos lados del Atlántico. “En las primarias, a Hillary Clinton se la señalaba como demasiado ambiciosa, ¿no lo es Barak Obama?”, recuerda Castaño. Y mirando a Europa, comenta al vuelo casos como el de Ségolène Royal y algunos comentarios que se vierten sobre Esperanza Aguirre. Con sus matices, los diagnósticos indican una necesidad de aceleración ante un futuro menos despejado de lo que debería. Aunque hay luces. La llegada al Tribunal Supremo de EE.UU. del mayor caso por discriminación de género, que afecta a un millón y medio de empleadas de Wal- Mart, abre en canal el debate. Discriminación por salario, y por menos posibilidades de ascenso.

Cien datos chocantes

El Instituto Europeo de Igualdad de Género dio a conocer esta semana una recopilación de datos sobre la desigualdad entre hombres y mujeres para demostrar que “aún queda mucho camino por andar”. Son cien ejemplos de infinidad de situaciones en muchos ámbitos en los que también se retrata las dificultades para acceder a puestos de máxima responsabilidad. El 59% de los graduados universitarios son mujeres, se señala en uno de los epígrafes de la lista, pero entre el profesorado universitario a tiempo completo el 82% son hombres.
Sólo el 9% de las universidades tiene al frente a una mujer, mientras que en la educación primaria y secundaria son ellas las que mayoritariamente ocupan las plazas de docente, prosigue relatando el instituto europeo.
Los datos recogidos también revelan que en el 2008 las mujeres con hijos menores de 12 años tenían un empleo de menor rango que el resto de compañeras de trabajo (un 11,5% menor).
Mientras que, paradójicamente, los hombres con hijos en este abanico de edad ocupaban mejores puestos que sus colegas. Asimismo, se avisa de que las mujeres con discapacidad tienen muchas más dificultades para encontrar empleo que los hombres en la misma situación.
Entre esos datos figura también que casi una tercera parte de las mujeres en edad laboral, el 30% están “económicamente inactivas” o sólo trabajan a tiempo parcial debido a la falta de servicios de atención para niños y para otras personas dependientes.
El estudio recoge que el 84% de los hombres que tiene uno o más hijos, o cuyas esposas esperan un bebé, nunca ha considerado pedir una baja paternal.

sábado, 9 de abril de 2011

Deceso de Concepción Colomer Revuelta

La noticía de Público

Concepción Colomer Revuelta, directora del Observatorio de Salud de la Mujer, ha fallecido esta madrugada a la edad de 53 años en Valencia. La también responsable de la Oficina de Planificación Sanitaria y Calidad de la Agencia de Calidad del Sistema Nacional de Salud fue diagnosticada el pasado martes de leucemia.
Colomer, doctora en Medicina y pediatra, fue pionera en colocar la perspectiva de género en los problemas de salud. Feminista comprometida, fue la autora de la estrategia de detección de violencia de género en la asistencia sanitaria, tanto en los hospitales como en centros de primaria.
Colomer fue pionera en colocar la perspectiva de género en los problemas de salud
En su labor en el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, Colomer también desempeñó un papel esencial en el desarrollo de las distintas Estrategias de Salud del SNS, como las de cáncer, diabetes o la más reciente Estrategia en Salud Sexual y Reproductiva, entre otras.
Hasta su fallecimiento, Colomer trabajó intensamente en el desarrollo de nuevas Estrategias en el seno del Sistema Nacional de Salud, como la futura Estrategia de atención a enfermos crónicos y polimedicados. En otros ámbitos, la doctora Colomer también fue responsable de Mujeres Progresistas de Valencia.
Colomer, que ha fallecido en el Hospital Universitario Doctor Peset de Valencia, será incinerada mañana en el tanatorio de la localidad valenciana de Torrent.