miércoles, 21 de noviembre de 2012

Obsolescencia programada


Miércoles, 07 de Noviembre de 2012 16:52
Alberto Lambea
  • Introducir en el mercado deliberadamente aparatos principalmente eléctricos y electrónicos 
  • con fallos de batería, en piezas, etc. fue una solución habitual en tiempos de crisis para 
  • que la gente comprara otros nuevos y generar crecimiento y puestos de trabajo.
  • La sobreproducción, lejos de  beneficiar a la economía, escupe montones y montones 
  • de chatarra electrónica que se acumulan en basureros en el Tercer Mundo.
  • Otros productos han caído en la red de la obsolescencia programada: los ingenieros 
  • que fabricaban medias de nailon en los años 40 tuvieron que empezar desde cero para 
  • crear otras más frágiles, las actuales, viendo que su negocio acabaría pronto si no seguían 
  • vendiendo.

Dos niños rompen monitores CRT para extraer el metal de su interior, en el vertedero 
de Agbogbloshie (Ghana) / Andrew MCCONNELL
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Adolphe Chaillet creó en 1985 en Shelby (Ohio) un filamento para que sus bombillas 
duraran el mayor tiempo posible. La única prueba de que hizo bien su trabajo es una 
de esas bombillas, que sigue luciendo en un parque de bomberos en Livermore 
(California) un siglo después de su fabricación. Con el rimbombante nombre de 
El Comité de la Bombilla, esta organización ha colocado una webcam para que cualquier visitante pueda verla a través de la página web www.centennialbulb.org. La duración de ésta alcanza ya los 111 años.
Casey Neistat se dio cuenta en 2003 de que la batería del reproductor de música iPod que 
se había comprado unos 8 meses antes no duraba más de una hora. Llamó al servicio 
écnico de Apple y ante la pregunta de si la empresa creada por Steve Jobs ofrecía un 
servicio de sustitución de la batería, la respuesta fue negativa. Le aconsejaron comprar 
un nuevo iPod.
La contextualización y el análisis de estos dos casos son el primer paso para comprender 
la implantación por parte de las empresas en la sociedad de consumo de la llamada
obsolescencia programada.
En un sistema capitalista y una sociedad de consumo como la actual, el crecimiento 
económico lo es todo. Sin embargo, existen corrientes de pensamiento que no ven 
el crecimiento como la solución, sino como verdaderamente la raíz del problema. 
El economista francés Serge Latouche, defensor del decrecimiento, asegura que 
el crecimiento infinito no es compatible con un planeta finito y se lamenta de 
que si todos los ciudadanos del mundo consumieran como los norteamericanos 
o los europeos medios, los límites físicos del planeta se habrían sobrepasado 
ampliamente, no habría espacio para tantos deshechos. En su libro La apuesta por el 
decrecimiento ¿Cómo salir del imaginario dominante? destaca tres elementos 
cómplices de este sistema insostenible: la publicidad, el crédito y la obsolescencia 
programada.
El cártel Phoebus, origen de la obsolescencia programada
Si se puede afirmar que las bombillas fueron el primer producto víctima de la 
obsolescencia programada, la compañía Phoebus S.A fue el grupo de empresas 
pionero en aplicarla. En 1924, los principales fabricantes de bombillas, por aquel 
entonces Osram, Philips y General Electric entre otros, se sentaron a negociar en 
Ginebra para controlar la producción, intercambiar patentes y llegar a un acuerdo 
con el fin de acortar el tiempo de vida de las bombillas, que rondaba las 2.500 horas. 
1.000 horas pareció un número razonable para garantizar su vida útil, de tal forma 
que se prohibió garantizar una duración por encima de ese periodo de tiempo. 
Incluso hoy se guardan documentos en los que aparecen las multas que las 
propias empresas se habían impuesto si la duración se superaba. Por supuesto, 
cuanto más duraran, más se penalizaba.
General Electric y otras empresas, fueron demandadas por el gobierno americano 
por competencia desleal, por fijar precios y por acortar la vida de sus productos, en 
una sentencia que no se dictó hasta 1953, casi 30 años después del inicio de sus 
malas prácticas. En la práctica, la sentencia tuvo poco éxito y las empresas siguieron
 fabricando las bombillas con duración garantizada de 1.000 horas.
A lo largo del siglo XX, los más radicales defensores de la obsolescencia programada, 
incluso plantearon obligar a los consumidores a renovar sus productos y comprar otros 
nuevos, como medida para volver a crecer económicamente tras el crack de 1929. 
Este fue el caso de Bernard London, un inversor del sector inmobiliario. En el artículo 
titulado Ending the Depression Through Planned Obsolescence así lo afirma y reconoce
 lo siguiente: “Por supuesto, la inauguración de tal sistema de obsolescencia programada
 tendrá detractores por el simple hecho de ser nueva, por eso yo apoyo con fuerza que 
abandonemos nuestras viejas nociones y nos ajustemos a una nueva forma de pensar”.
Cartel de anuncio de una bombilla de marca española, Z, en 1924. 
Aún se anunciaban 2.500 horas de vida útil.  / LÁMPARAS Z
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Aunque esta idea nunca tuvo éxito, la obsolescencia programada sufrió una mutación

manteniendo su idea original. En la América de los años 50, no se pretendía

obligar a la sociedad a renovar sus productos, sino que se efectuaron cambios

estéticos en éstos para que voluntariamente el consumidor quisiera seguir comprando.

Naturalmente, esta estrategia de los fabricantes sigue vigente y se mencionó hace

apenas tres años en la publicación británica The Economist: “Como la vida útil de

los coches ha aumentado, los fabricantes se han concentrado en acortar su ‘vida

estética’. Añadiendo cambios estéticos a los vehículos, han intentado sutilmente

que los modelos parezcan anticuados, persuadiendo a los consumidores para que

los sustituyan por otros nuevos”. Los coches y los relojes son un buen ejemplo

de obsolescencia programada que se destaca en el artículo: “Por supuesto, esta

estrategia no es adecuada para el mercado de coches de lujo. Marcas como

Rolls-Royce promueven la idea de que algún día esos coches (como coches

de época) costarán más de lo que se pagó por ellos inicialmente. Patek Philippe

anuncia que sus relojes son algo que su dueño podrá conservar para la siguiente

generación”. El artículo cierra anunciando que al mismo tiempo que la vida útil

de los bienes se acorta, los consumidores anhelan bienes que duren más.

El nailon, Apple y los vertederos electrónicos

La empresa de químicos DuPont comercializó en 1940 unas medias con un nuevo

material, el nailon. Tal y como recoge el documental ‘Comprar, Tirar, Comprar’,

uno de los documentos audiovisuales más completos sobre la obsolescencia

programada, se produjeron grandes colas para comprar las nuevas medias.
se dieron cuenta de que venderían poco. De ahí que los ingenieros, por orden
de sus superiores, tuvieran que fabricar nuevas medias menos resistentes,
modificando los aditivos que protegían el nailon del sol y del oxígeno. Poco a poco,
las medias comenzaron a ser más endebles.


Las mujeres estaban contentas porque no se hacían carreras pero los fabricantes



En los últimos años, el ejemplo más sonado de obsolescencia programada
esponsable fue la empresa Apple del fallecido Steve Jobs, venerado hasta el extremo
y cuyos productos dominan el mercado de los ordenadores, móviles y reproductores
de música. El iPod, que logró en 2005 un 70% de cuota de mercado en reproductores
y había alcanzado los 22 millones de unidades vendidas en todo el mundo, tenía errores
de fábrica en buena parte de sus unidades. Los hermanos Neistat, artistas del mundo
del cine que ahora realizan un show televisivo en el canal de pago HBO, grabaron un
corto-denuncia cuando a los 8 meses de comprar un iPod su batería apenas duraba
60 minutos. A raíz de los millones de visitas que recibieron en su web, el caso se llevó
a juicio. A Apple no debió gustarle la idea de que se anunciara que la batería estaba
soldada físicamente al reproductor y no podía sustituirse, y finalmente la marca de la
manzana ofreció un servicio postventa, una garantía de 2 años y la posibilidad de sustituir
las baterías defectuosas. Aquí, en España, el Real Decreto 1/2007 establece en varios


de sus artículos que el periodo de garantía de productos eléctricos y electrónicos no
puede ser inferior a 2 años.


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La multinacional americana es sólo una de las miles de empresas que contribuyen
poco a poco a la destrucción del planeta y al agotamiento de sus recursos. En palabras
del defensor del decrecimiento, Serge Latouche, “quien crea que el crecimiento infinito
es compatible con un planeta finito, o es un loco o un economista”.


Evidentemente, el crecimiento exponencial de la electrónica y la sociedad de la información

está provocando que los residuos aumenten a la misma velocidad que se desarrolla

nueva tecnología. Como en muchos otros casos, quienes más sufren estas

consecuencias son los países del Tercer Mundo, especialmente algunos como

Costa de Marfil, Nigeria o Ghana. Allí van a parar ordenadores, teléfonos

móviles y otros bienes electrónicos estropeados en un alto porcentaje y obsoletos

en otro. Con la excusa de enviar productos de segunda mano, África se ha convertido

en un auténtico vertedero de deshechos eléctricos y electrónicos. Aunque la Unión Europea,

a través de la Directiva 2012/19/UE sobre residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE),

prohíba expresamente la llegada de deshechos a países en vías de desarrollo, el vertedero

de Agbogbloshie (Ghana) demuestra que queda mucho por hacer. Allí los jóvenes recogen

la chatarra y queman los deshechos para extraer el metal. Además, los pequeños comercios

basan su negocio en arreglar muchos de los productos aún útiles para revenderlos.
Un joven ghanés quema residuos en un vertedero electrónico / NATIONAL GEOGRAPHIC

‘Recibí amenazas de muerte por crear bombillas para toda la vida’
El español Benito Muros es dueño de OEP Electrics, una empresa que, bajo el 
denominado movimiento SOP (Sin Obsolescencia Programada) ha lanzado al mercado
 bombillas equivalentes a las de 60 vatios, que consumen sólo 6. Además de reducir un
 90% el consumo, su duración puede alcanzar los 80 años. Con una garantía de 25 años
 y un precio de 37 euros en venta online, Muros quiere presionar a las grandes empresas 
para que fabriquen productos de mayor calidad y se ponga fin al límite de vida útil de
 1.000 horas. Asegura, en una entrevista para El Economista, que, a día de hoy, el 
consumo se basa en productos con fecha de caducidad y se lamenta de las amenazas 
que supuestamente ha recibido: “Señor Muros, usted no puede poner en el mercado sus
 sistemas de iluminación. Usted y su familia serán aniquilados”.
Desde una perspectiva mundial, otras iniciativas han surgido para tomar consciencia de 
la necesidad de mantener un planeta sostenible y luchar contra las grandes multinacionales.
 Proyecto Venus o The Zeitgeist Movement son dos organizaciones en contra de políticas 
que no tienen en cuenta la racionalización de los recursos. Analizan los cambios 
demográficos, los avances tecnológicos o las condiciones medioambientales para efectuar
 una proyección de lo que podría suceder en el futuro.
¿Hasta cuándo y hasta dónde llegará la sociedad de consumo?
Una de las conclusiones a las que llega el documental ‘Comprar, Tirar, Comprar’ de 
Cosima Danoritzer anteriormente citado, y que, dicho sea de paso, cuenta con 
que va creciendo alimentada por la sociedad de consumo habría que valorar el 
coste real de los productos. Si se tuviera en cuenta, por ejemplo, el transporte, las 
etc. el coste de los bienes sería mucho mayor y dejaría de ser rentable para las empresas 
fabricar algo que no tuviera la máxima calidad, durabilidad y sostenibilidad posible para 
el medio ambiente.
David Trillo, profesor y Doctor en Economía en la Universidad Rey Juan Carlos, en Madrid, 

poco probable en la actualidad un sistema distinto al capitalismo. En los 80, asegura, las 
entidades financieras estaban muy controladas y los productos que las empresas ponían
 en el mercado pasaban rigurosos controles de calidad, haciendo referencia a la obsolescencia 
programada. “Tanto la primera como la segunda característica no se cumplen ahora mismo”. 
Al ser preguntado por el nivel de complicidad que la obsolescencia programada provoca 
en los consumidores, contentos a veces de poder renovar sus productos por el mero hecho 
de consumir algo nuevo, asegura que en  el contexto actual de crisis, esto sucede 
escasamente. “Cómplices son aquellos que pueden permitírselo, pero en lugares como Cuba, 
por ejemplo, el efecto es inverso. Cuando algo se rompe, no importa el tiempo que tengan 
que invertir en arreglarlo, utilizan el ingenio para ello”.

El verdadero amor es una historia de amistad

Por J. LOSA

"Amar es nunca tener que pedir perdón",esgrimía muy afectada la meliflua protagonista de la exitosa Love story a comienzos de los setenta. Frases de este tipo han contribuido abanalizar el amor hasta límites insospechados. La industria cultural y sus afilados trovadores se han empeñado en conferir a tan universal sentimiento la misma transcendencia que puede tener un chicle pegado a una farola.
En efecto, del iluminado All you need is love de los Beatles al pareado resultón de Britney Spears en Love is a state of grace / Transcending time and space, vemos cómo la en ocasiones remilgada cultura pop trivializa con saña lo que Aristoteles resolvió muy jovial con un "amar es alegrarse". El teórico francés André Comte-Sponville en Ni el sexo ni la muerte (Paidós) aborda con claridad expositiva y sin intelectualizar en exceso lo que significa y ha significado a lo largo de la historia el verbo amar.
"Una humanidad masculina se habría contentado con el sexo, la guerra, el dinero y el fútbol"
Empecemos por la procedencia. El autor no tiene duda: "El amor es un invento de las mujeres, no habría existido sin la maternidad. Una humanidad exclusivamente masculina se habría contentado con el sexo, la guerra, el dinero y el fútbol". En cuanto a si está trillado o no el concepto, el profesor matiza: "La pasión amorosa está sobrevalorada, no hay duda, pero esto no implica que el amor lo esté. El cine y la literatura tienden a centrarse en la pasión amorosa, pero esta dura solo unos meses, un año a lo sumo, después queda el amor". Según el autor, cuando la fogosidad inicial es historia entra en escena la philia, antiguo término griego que ilustra el amor fraterno, incluyendo amistad y afecto. "Llegado el momento la pareja suprime la pasión, pues esta procede del deseo, y el deseo, cuando ya no existe esa falta del otro, desaparece. En otras palabras, no es posible echar en falta a aquel o aquella que comparte su vida, que está ahí cada noche, y cada mañana".
Y entonces, ¿qué nos queda? Según el autor, resta lo mejor. "Alegrarse de la existencia del otro, de su presencia, sentir placer por compartir su vida y su lecho, no significa menos amor, sino más". Así es como pasamos del tedio de amar, acuñado por el cenizo de Schopenhauer, a la declaración spinozista del amor, a saber: "El amor es una alegría que acompaña a la idea de una causa exterior".
"No me quiero casar, la idea de ser amante me parece más bonita"
Ese amor puede durar toda la vida y se alimenta de ternura, confianza, humor o comunicación, así como de amistad y de erotismo. Las parejas felices son aquellas que son amigas, asegura rotundo desde su experiencia de varias décadas con la madre de sus hijos, ya que, añade: "Mi mejor amiga es la mujer con la que vivo, nadie me conoce mejor que ella, y no amo a nadie como a ella. El verdadero amor es una historia de amistad". Pero de sellar ese amor con una rúbrica ni hablar: "Justamente por lo que representa no me quiero casar, porque esta idea de que somos amantes me parece mucho más bonita. Mi mujer puede venir y decirme mañana: me voy, no quiero estar contigo, y el hecho de que se pueda ir le da más valor a la relación".
Ahora bien, todo esto es muy bonito, ¿pero qué hay de la rutina? El día a día termina sacando a flote las pequeñas miserias de cada uno. Para ejemplificar esto el autor se sirve de una cita de Gainsbourg: "Amamos a una mujer por lo que no es; la dejamos por lo que es". La frase, aplicable también a los hombres, muestra las zonas de sombra que la pasión ha dejado, destapa al tipo apagado y gris que ella no quiso ver mientras le cegaba el frenesí. Es entonces cuando el autor echa mano del amor-caridad, pero despojándolo de cualquier connotación religiosa: "En una pareja uno debe expresar en algún momento su debilidad, consiste en cederle sitio al otro para que este pueda desarrollar su potencia". Llámenlo caridad, bondad, o simplemente dar un paso atrás por amor, batirse en retirada. Ya lo dijo Adorno: "Serás amado el día que puedas mostrar tu debilidad sin que el otro se sirva de ella para afirmar su fuerza".

El porqué de la invisibilidad de las mujeres y el patriarcado



 Vídeo "Invisibles"

Las mujeres conforman el 52 por ciento de la población mundial y soportan el 40 por ciento del Producto Interior Bruto. El vídeo "Invisibles", que ha realizado "La Antena" Sociedad Cooperativa Valenciana para la comisión de género de ATTAC, pone de manifiesto cómo el sistema neoliberal imperante consolida y apuntala la estructura patriarcal y un modelo de poder, en el que las mujeres no tienen cabida, a pesar de estas cifras. La actual coyuntura de crisis económica está demostrando que el capitalismo no funciona. Esta crisis es una oportunidad única para cambiar el sistema con todas las aportaciones que las mujeres pueden ofrecer tras siglos y siglos de invisibilidad. Existen alternativas muy claras por parte de las mujeres para empezar a pensar que Otro mundo es posible

Huelga de plancha y fregona

Alejandra Agudo

No se trabaja, no se consume, ni se hace la comida. La huelga general convocada por los sindicatos el 14 de noviembre contra la reforma laboral también incluye una reivindicación feminista. En diferentes páginas de Internet, en Twitter y otras redes sociales se llama a una “huelga de cuidados”. Es decir, que las mujeres –quienes mayoritariamente se encargan del hogar- no cocinen, no planchen, ni limpien. ¿Su intención? "Denunciar que se relegue el trabajo de cuidados a las mujeres y se exima a los hombres de ellos como si se tratara del 'orden natural de las cosas", dice Feminismos Sol en su página web. En definitiva, visibilizar un trabajo que no se paga pero aporta riqueza y bienestar. Y normalmente, casi siempre, hacen las mujeres.
El colectivo Harimaguada dice en su manifiesto relativo a la huelga general: “Porque es necesario salir a la calle para protestar contra  reformas y recortes, pero sobre todo para rechazar un sistema que, bajo el discurso de la 'mujer, mujer', nos pretende relegar a la esfera doméstica”.
La casa sigue siendo cosa de chicas. Los datos de la encuesta de tiempo del Instituto Nacional de Estadística 2010 (la última publicada) lo corroboran. Aunque la participación de los hombres en los trabajos domésticos se ha incrementado en el siglo XXI: desde 2002 ha crecido cinco puntos la cantidad de varones que hacen tareas del hogar hasta alcanzar el 74,7% de la población masculina. Las mujeres asumen la mayor parte del peso de las tareas cotidianas. El 91,9% trabaja en casa y dedican de media dos horas más  que ellos a la familia y el hogar (cuatro horas y media, frente a las dos y media de los hombres). El resultado es que, según revela el estudio, ellos tienen (y disfrutan) más tiempo para el ocio, la vida social, la lectura, el deporte…
HuelgacuidadosEsta realidad, muchas veces oculta, es la que quieren cambiar los colectivos que llaman a la huelga de cuidados. Feminismos Sol representa la cuestión como un glaciar en el que el hielo visible son los mercados, los bancos, la clase trabajadora, los empresarios… Bajo el mar, invisibles, están otras labores como “planchar la ropa al marido, cuidar de los enfermos, cocinar, vestir a los niños o lavar”. Según el panfleto que repartirán en la jornada de huelga, y que se puede descargar de Internet, sin ese trabajado no remunerado, no reconocido, los "trabajadores champiñones" (aquellos que aparecen en su empleo comidos, lavados y planchados, listos para producir, explican) no podrían hacer su trabajo el mismo tiempo ni con la misma disposición en sus puestos, a menos que las abuelas o empleados pagados sustituyan la labor que mayoritariamente hacen las mujeres en la casa.
La propuesta es que mañana las mujeres salgan a la calle a protestar ataviadas con su mejor delantal, guantes y porten utensilios de cocina y limpieza con un cartel en el que se declaren en "huelga de cuidados". En sus casas, serán otros –ellos- los que frían el huevo de la comida. "Convocada está también la huelga de cuidados, que cada uno se haga su comida...", dice el usuario de Twitter @weiko. La inciativa, sin embargo, tiene detractores. También ellas. "¿Qué me estáis pidiendo, amigas? ¿Que mañana, no lave ni le cambie el pañal sucio a mi madre, que es una anciana de 88 años que no puede auto higienizarse?", escribía Marianna en un comentario en un blog el pasado 29 de marzo, cuando también se propuso una acción similar. Helena Rincón recupera su escrito y suscribe la misma preocupación.
Ana Pérez Luna, secretaria de la mujer de UGT Andalucía cree, sin embargo, que es necesario dejar de hacer este trabajo "invisible" al menos "por un día". "A lo mejor así se hace visible", explica. Convencida de que las redes sociales pueden movilizar y promover cambios, ha inciado una campaña en Change.org para que las mujeres hagan mañana huelga de cuidados. "El #14N ni consumimos, ni cuidamos, ni fregamos. Y NO, NO TRABAJAMOS", clama en la plataforma de peticiones online. En su blog Esto lo arreglamos nosotras escribe 14 motivos por los que ellas tienen que hacer huelga, también en el hogar. "A nosotras nos afectan más la reforma laboral y los recortes sociales del Gobierno. Si quitan la ayuda a la Dependencia, ¿quién se hará cargo de los dependientes?", pregunta por teléfono. "Nosotras", responde.
La ONG de cooperación al desarrollo InteRed es otra de las organizaciones que apoya la protesta. InteRed lleva años promoviendo una campaña -Actúa con cuidados- para sensibilizar a la sociedad y en los colegios sobre la importancia del trabajo doméstico. Su objetivo: que haya una "responsabilidad colectiva de los cuidados donde estén implicados el Estado reconociendo a los “cuidados” como cuarto pilar del estado de bienestar y con políticas públicas que lo favorezcan; las empresas con flexibilización de horarios, contribución de guarderías, o la creación de un fondo de garantía para los cuidados (similar al fondo de desempleo o jubilación); y los hombres y su deber de comprometerse con los trabajos de los cuidados. Esta valorización pasa por un mejor reparto de tareas entre hombres y mujeres".
Por eso, desde esta ONG también llaman a las mujeres a manifestarse mañana vestidas con un delantal y con pancartas que destaquen su trabajo invisible. "Se trata de concienciarnos sobre qué pasaría si hiciéramos una huelga de los cuidados, posiblemente el sistema se paralizaría. Y plantearnos cómo hacer esa huelga sin que repercuta en las personas que son cuidadas. Los sujetos de obligaciones: los hombres, empresas y Estado, tendrían mucho que decir", explica una portavoz de la organización.

otro vídeo de sensibilización contra la violencia machista



Vídeo de sensibilización contra la violencia machista




¿Toquecitos o martillazos para romper el techo de cristal?




Viviane Reding debe estar que trina. La comisaria europea de Justicia no para de chocar con obstáculos para su plan de imponer cuotas de mujeres en los consejos de administración empresariales. El desequilibrio es abismal en las cúpulas empresariales, donde apenas hay un 13,7% de mujeres, y la luxemburguesa, que también ocupa la cartera de Derechos Fundamentales, se ha propuesto reducir esa brecha. Pero no le han funcionado ni los paños calientes, que trató de aplicar en forma de buenas palabras y concienciación hacia las compañías, ni la mano dura. La primera fórmula, a pesar de las intensas campañas y reuniones con el sector privado, fracasó estrepitosamente. La segunda, la apuesta por la regulación, se va diluyendo y perdiendo fuerza conforme se alzan poderosas voces críticas. La última, la de una mujer tan tozuda como la propia Reding, Angela Merkel.
El miércoles pasado, la canciller alemana aguó la fiesta a la comisaria europea. Reding había logrado sacar adelante una propuesta de directiva europea que obliga a imponer una cuota femenina del 40% en los consejos de administración de las grandes empresas de aquí a 2020. La iniciativa, que fue aprobada por unanimidad, es una versión bastante suavizada de su plan inicial –rechazado a finales de octubre por las reticencias de algunos comisarios--: solo afectaría a grandes empresas que coticen en bolsa y deja a cada Estado la decisión de qué castigo imponer a las incumplidoras. Pero ni aún así. Solo unas horas más tarde de que la luxemburguesa aplaudiese ese “día histórico para el equilibrio entre géneros y para la igualdad”, como dijo, el portavoz del Gobierno alemán, Steffen Sibert, apareció para mostrar su disconformidad con la regulación europea. “Esto es algo que debe solucionarse a nivel nacional”, declaró. Y para Berlín, esa solución pasa más que por una norma, por la autorregulación de las propias empresas. En un intento de vencer las resistencias, Bruselas hace campaña con vídeos como este:

Pero tras este último choque, es cada vez más complicado que progrese la iniciativa europea.
El proyecto de directiva fue aprobado por la Comisión, es cierto, pero aunque obtuviese el visto bueno del Parlamento Europeo –donde probablemente salga adelante porque la Eurocámara ha instado en varias ocasiones a poner en marcha regulaciones en este sentido--, necesita también el beneplácito de los 27 Estados miembros. Y eso no es tan fácil. En septiembre, nueve países, liderados por Reino Unido y Holanda, enviaron una carta a la comisaria de Justicia y al presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, en la que manifestaban su disconformidad hacia la imposición desde la UE. A estos países se podría sumar también ahora Alemania.
El debate de las cuotas siempre ha sido controvertido. Los datos que muestran la enorme brecha entre hombres y mujeres en los órganos de toma de decisión de las empresas están sobre la mesa; también las cifras que muestran que las mujeres están igual de cualificadas que los hombres para ocupar esos sillones: un 60% de los licenciados de Europa son féminas. Pero no es fácil luchar contra quienes sostienen que una regulación para romper ese techo de cristal interfiere contra la libertad empresarial; un sector, por otra parte, bastante poderoso. ¿Qué papel han jugado en esta batalla los importantes grupos de presión del sector privado?
Todos tienen que mover sus cartas. Pero una de ellas está clara. Esa autorregulación por la que tanto apuestan el sector privado y algunos países –otros, como Francia, Bélgica o Italia ya han legislado-- no ha funcionado. Y no hay que mirar muy lejos. Tomemos como ejemplo España. La ley de Igualdad daba en 2007 un plazo de ocho años para que las empresas incluyeran en sus consejos de administración un número de mujeres suficientes para alcanzar el equilibrio. La norma decía, no obstante, que las empresas “procurarán” tener esa presencia equilibrada. No obliga a nada. No establece sanciones. Tampoco beneficios para aquellas que hayan logrado reducir la brecha. Así, lo que han hecho las compañías ha sido trazar planes de igualdad, conciliación, manuales de buenas prácticas. Autorregulación, en una palabra. ¿El resultado? Solo uno de cada diez consejeros de las empresas del IBEX 35 son mujeres.
Ciertamente las cifras han mejorado. La presencia femenina en las cúpulas empresariales va en aumento. Pero a un ritmo tan lento que para alcanzar la paridad harían falta 30 o 40 años más. Los golpecitos, los toques de atención no están astillando el techo de cristal. De ahí que Viviane Reding considere que lo mejor es acabar con esa barrera a martillazos. No es la única. Otras voces, como la de Ana María Llopis, presidenta de la cadena de supermerados Día, también se han mostrado a favor de una regulación para instalar la paridad en los sillones de los órganos de toma de decisión empresarial.
En Noruega ha funcionado. Ese país legisló hace unos años para imponer una cuota mínima del 40% en los consejos de administración del sector privado. Las empresas se removieron. No les gustó lo que consideraron intervencionismo. Ahora se han adaptado y cumplen con creces la norma.
* Fuente imágenes y vídeo: Comisión Europea.