Las últimas
semanas hemos observado como en países del Sur del Mediterráneo los
hombres y las mujeres han salido a la calle para reclamar libertad,
para reivindicar su derecho a la plena ciudadanía. En el caso de
Libia resulta altamente preocupante la cruenta represión que están
recibiendo los manifestantes.
Las mujeres y
hombres de la capital del Mediterráneo no pueden permanecer
observantes. Las ciudades y sus vecinos han de establecer verdaderas
relaciones de fraternidad. No podemos permanecer impasibles.
Para
la reflexión dejo las palabras de Zygmunt Bauman en Mundo
consumo. Ética del individuo en la aldea global:
“En
1874, Immanuel Kant compartió con sus contemporáneos algunas
reflexiones concebidas en el tranquilo y apartado aislamiento en el
que vivía en Köninsberg. Eran, según sus propias palabras, ideas
sobre una “historia universal” consideradas desde el punto de
vista de la “ciudadanía mundial”. Kant apuntaba que el planeta
en el que vivimos es una esfera y se detenía en las consecuencias
que se derivaban de una observación tan evidentemente trivial: que
todos permanecemos en (y nos movemos por) la superficie de dicha
esfera, que no tenemos ningún otro sitio al que ir y que, por tanto,
estamos abocados sin remedio a vivir para siempre en mutua vecindad y
compañía. (…) La unificación del conjunto de la especie humana
siguiendo el modelo de la ciudadanía es el destino propio que la
propia Naturaleza ha escogido para nosotros: el horizonte último de
nuestra historia universal. La Naturaleza nos ordena considerar la
hospitalidad como el
precepto supremo que todos tendremos que aceptar en igual medida más
tarde o más temprano, pues todos debemos buscar un punto final y una
solución a la larga cadena de ensayos y errores, de catástrofes
provocadas provocadas por nuestros errores, y de ruina y perdición
dejadas por el paso de esas catástrofes. (…)”.